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sábado, 6 de agosto de 2011

Si el avión se cae, todo alrededor sube.



- Todos los perros van al cielo, quedate tranquilo.- me dijo mientras el avión comenzaba a llenarse de humo en el aire. Lo miré y pensé: la puta madre! ¿hasta en la última de todas te vas a cagar de risa?. Le pamié la cara, nos quitamos los cinturones de seguridad y nos abrazamos, me apreto muy fuerte el hombro y me dijo - gracias por todo-, yo también le dije algo,pero que fue solo para él. Luego se hundiò en la ventanilla con la tranquilidad de quien espera que el avión aterrice. Yo un tanto aturdido por los gritos de todos los pasajeros me concentraba en el pasillo y pensaba que la gente que no sabe vivir, tampoco sabe morir. Una azafata pasó a mi lado llorando, seguida por el comisario de abordo. Perdìamos altura rápidamente tal vez por la averìa, tal vez por una maniobra de último momento del piloto. Pronto nos pusimos muy cerca del océano,estaba despejado, era un día hermoso para morir.

jueves, 28 de julio de 2011

Secuestro seguido de suerte


Hace algunos años, mi gran amigo Juan Pablo, fue dejado impunemente por su novia de entonces, con un viaje, cuasi luna de miel, totalmente pagado a Buzios. Se planteó en algún momento la idea cancelar y recuperar así el 30% del dinero o ir de todos modos. Así que fuimos de todos modos, él y yo, de luna de miel. Nos divertimos mucho pensando que ibamos a tener que dormir en una cama matrimonial, que nos iban a recibir en el hotel con flores y que todo el mundo iba a creer que eramos trolos.
Viajamos la noche del 27 de enero, primera escala Sao Pablo, ciudad monstruo, inabarcable desde las alturas. Luego Río, cuando nos sentamos al salir de migraciones para acomodar pasaporte e ideas; Pablo sacó de su mochila una de sus famosa tarjetas de cumpeaños, en las que siempre hay chotas dibujadas y frases maravillosas - Feliz cumple Bepi!- Sin parar de reírnos salimos a la calle y nos metimos a un taxi. Una vez en movimiento, intentamos charlar con el taxista, primero hablamos de fùtbol, pero mientras avanzabamos, poco a poco nos iba quitando la palabra. De pronto tomó una salida de la autopista y supe en ese mismo momento que nos iban a robar, le comenté a mi amigo, que me parecía demasiado pronto para abandonar la autopista, pero la charla no puedo prosperar, casi inmediantamente entramos en un morro, el auto frenó y se subieron dos monos, uno adelante, otro atrás con nosotros, los dos armados, nos bajaron y nos arrastraron al corazón de la favela. La gente en la calle nos gritaba, puteando a los argentinos, ahí sentí que nos iban a matar, nos miramos sin atrevernos a pronunciar palabra pero empañándonos, casi abrazándonos a tres metros de distancia. Nos metieron en una casa con una puerta de chapa azul, totalmente oxidada con una virgen pintada en la mirilla. Adentro había unas diez personas, en un principio solo pude reconocer a una chica de unos veintipocos, hermosa, con su musculosa verde y un pantalón corto blanco. Nos hicieron arrodillar en el centro de la piesa, y a punta de pistola nos obligaron a desnudarnos, todos quedaron sorprendidos con la tremenda chota de mi amigo, ahí pude alzar la cabeza y registrar que eran siete mujeres y seis hombres incluidos los que se nos habían subido al taxi. Todos reían, sobretodo las mujeres. Mientras dos contaban nuestros dólares y los pocos reales, otro encontro la tarjeta de cumpleaños. Nos pregunto de quién era, Dije que mío, -Hoy cumplo 27 años- y no se habló más.
Derrepente un joven de unos quince años calló desmallado a nuestro lado, Quedó tirado boca arriba con los ojos abiertos, ausente pero quejandose como si estuviera poseído, no era epilepsia, porque cada vez que se lo tocaba gritaba màs fuerte y respondia con vilencia. Yo no podía salir de mi asombro cuando Pablo se levantó diciendo que el era médico, me sorprendí no solo por verlo desnudo al lado de jóven tratando de reanimarlo con un cariño sincero, sino porque es Ingeniero y nunca tuvo ni la más mínima idea de medicina. En un guiño del destino el pibe volvió en si.
El padre del adolescente que era uno de los que contaba nuestro dinero lo abrazó y lo que siguió fue embriagadoramente rápido, se llevaron al niño a un hospital, nos devolieron, la ropa, la plata y todo lo demás y nos liberaron. Tres garotas nos llevaron hasta la playa de Ipanema donde Pablo desapareció con dos de ellas en la oscuridad yo me quedé con Yanela, que era poeta y hablamos de Ferreira Gullar, Ana cristina Cesar y Clarice Lispector, la cerveza borró todo lo demás.
Amanecí abrazado a ella sin saber nada màs, tal vez nos hayamos besamos, tal vez haya tenido un hijo mío, no lo se.
Pablo volvió con una sonrisa inolvidable y nos metimos al mar a hablar de la noche anterior, cuando salimos nos sacaron esa foto.

domingo, 24 de julio de 2011

Humedad


El micro nos había escupido en la terminal de Humahuaca, cuando comenzó a llover todo lo que un cielo puede llover. Estábamos a la deriva y encontrar donde parar parecía casi imposible, el camping era un gran lago,las carpas botes a medio hundir.Todas las habitaciones de la ciudad estaban a tope, barajé la idea de dormir en el bar Pinocho, pero cuando la lluvia estaba en lo mejor, nos cortó el paso un niño salido de las mismas entrañas del infierno, que nos preguntó si necesitabamos habitación.
Ella pronto tomó confianza y animo, el caso es que caminamos cuesta arriba con las mochilas cargadas de cosas inútiles durante cuadras y cuadras, nos metimos en la "casa familiar" que no era otra cosa que un centro de apuestas, trapicheo y venta de droga.
- Mi amor, no tenemos otro lugar, aguantemos hasta mañana y apenas amace nos vamos-
Vi al niño cobrar e irse,nos dieron la única habitación disponible, una en la que había un enorme agujero en la puerta por la que nos veían riendo todos los parroquianos, improvisamos una pantalla con varias toallas. Fue en esa intimidad en la que nos abrazamos y comenzò a llorar, tenía miedo, yo estaba más preocupado de lo que pudiera pasarle que de lo que pudiera pasarnos. Esa noche no tomé.
Nos metimos en la cama totalmente vestidos y abrazados, Ella contra mi pecho y yo boca arriba, la luz de un velador escalaba por la pared y resaltaba la enorme mancha de humedad del techo, no pude dormir viendo una y otra vez esas manchas, su respiraciòn profunda me envolvìa y me fue metiendo como en una especie de transe y asì como en El Aleph de Borges que tanto odio, vi todo lo que ocurría, nos vi desde arriba, vi lo que pasaba en la habitación de junto, el juego, el dinero manchado de materia fecal, la cocaìna como cebras en la mesa, vi la lluvia caer sobre la ciudad, El carnaval todavìa duraba en lo alto de las montañas y pude ver lo que iba a pasar con nosotros de ahora en más, supe que me iba a dejar por otro apenas llegar a Buenos Aires, supe que me iban a llamar de la editorial para trabajar ahì y que las cosas no iban a estar tan mal.
A la mañana siguiente, nos levantamos en silencio y en silencio seguimos nuestro viaje, nuestro camino y luego nuestra separación.
Hoy llueve en el techo de mi departamento, y en el cielo de mi vida, pero las manchas de humedad me dicen bastante menos, aunque lo que dicen duela más.